En la Sierra Mazateca de Oaxaca, las mujeres de Eloxochitlán de Flores Magón han sostenido una lucha de más de diez años contra la persecución de sus familiares y la defensa del Río Xangá Ndá Ge, conocido como Río de San Antonio.
Desde 2011, cuando autoridades estatales y municipales iniciaron procesos penales contra miembros de 40 familias por exigir el respeto a su organización comunitaria y la protección de su territorio, las mujeres asumieron el rol de sostén económico y activistas. La comunidad denuncia el saqueo irregular de materiales pétreos del río, liderado por el cacique Manuel Zepeda Cortés, que ha alterado su cauce y afectado la vida local.
A lo largo de esta década, 21 personas, principalmente hombres, fueron encarceladas por delitos fabricados, y decenas más desplazadas forzosamente. Las mujeres, como Berta Reynosa, han enfrentado detenciones arbitrarias, cateos y la presencia de fuerzas militares, mientras mantienen vivas las cosechas de maíz, frijol y café.
“Fue terrible desde el inicio”, relata Berta, quien recuerda cómo la persecución afectó emocional y económicamente a las familias, obligándolas a cubrir gastos legales y escolares. En 2014, un enfrentamiento durante una asamblea comunitaria agudizó la represión, dejando dos muertos y varios vehículos incendiados.Pese a que todos los presos han sido liberados, la comunidad enfrenta nuevas amenazas: en mayo de 2025, se emitieron 200 órdenes de aprehensión contra 58 personas.
Las mujeres, unidas en asambleas y alrededor del fogón, comparten estrategias y se fortalecen. “Nos fuimos haciendo como hermanas”, dice Carmela Monfil, quien a sus 18 años asumió la siembra para preservar la semilla de maíz de su abuelo tras el encarcelamiento de su padre, Herminio. La cocina se ha convertido en un espacio de resistencia, donde organizan alimentos para plantones y reuniones, exigiendo el cese de la criminalización.

