En un predio de Tacuichamona, al suroriente de Culiacán, el colectivo de madres buscadoras Sabuesos Guerreras ha destapado una cruda realidad: fosas sépticas utilizadas por el crimen organizado para desaparecer personas. En cinco días de búsqueda, se han recuperado restos óseos, desde fragmentos de costillas hasta omóplatos, sumergidos en aguas negras. El viernes 16 de mayo, tres cuerpos fueron extraídos de una losa de concreto con capacidad de 3,300 litros, en instalaciones de la Junta de Agua Potable y Alcantarillado de Culiacán (Japac).
La información que llevó al colectivo a este sitio partió de un sobreviviente, quien narró haber sido secuestrado junto a cuatro personas en octubre pasado, en la carretera México 15. Tras ser atacados y arrojados a una fosa séptica, logró escapar tras 24 horas en condiciones inhumanas. Su testimonio, inicialmente desestimado por la Fiscalía General del Estado, fue clave para que las buscadoras iniciaran labores en el lugar. Con el apoyo de un camión “váctor” para drenar el agua y rastrillos para tamizar los desechos, las mujeres han hallado restos en un entorno donde el olor y las condiciones desafían la resistencia humana.
La crisis de desapariciones en Sinaloa se agudiza. Según la Fiscalía, en 2024 se han registrado más de mil 400 carpetas de investigación por desaparición forzada, de las cuales el 65 por ciento siguen sin resolverse. El último cuatrimestre reportó un aumento alarmante, con 911 casos. Este hallazgo en Tacuichamona se suma a otros descubrimientos recientes, como el de 13 cuerpos en Mezquitillo, en abril. La impunidad, que en 2023 rozó el 100 por ciento, permanece como un obstáculo para la justicia. Mientras tanto, las madres buscadoras persisten, enfrentando no solo el peligro de la violencia, sino la deshumanización de un fenómeno que no cesa.
