Después de siete años de servicio, Carolina, una rata gigante africana entrenada para detectar tuberculosis, se retiró oficialmente en noviembre pasado. Durante su carrera, ayudó a identificar más de 3 mil casos que habían pasado desapercibidos en clínicas de Tanzania y Etiopía, lo que evitó potencialmente la infección de más de 30 mil personas. Su labor formó parte de HeroRATS, un programa operado por la organización sin fines de lucro APOPO, que utiliza el agudo sentido del olfato de estos roedores para acelerar la detección de enfermedades infecciosas.
Mientras los métodos tradicionales pueden tardar días y tener una efectividad limitada, las ratas como Carolina son capaces de analizar hasta 100 muestras en solo 20 minutos, mejorando en un 40% las tasas de diagnóstico en zonas de alta incidencia. Este modelo de detección se vuelve vital en contextos con recursos médicos limitados, donde la tuberculosis sigue siendo la principal causa de muerte por una enfermedad infecciosa. La precisión de estos animales incluso ha permitido anticipar casos latentes que otros métodos no detectan, contribuyendo a frenar la cadena de contagio.
Aunque el uso de ratas genera escepticismo, el programa de APOPO ha demostrado resultados contundentes: solo en 2023 evitó cerca de 400 mil nuevos casos. Cada rata pasa por un entrenamiento riguroso basado en refuerzos positivos y puede adaptarse según su perfil de comportamiento. Actualmente, la organización busca expandir el modelo a más países, pese al reto financiero y a la percepción pública. Mientras tanto, Carolina disfruta su jubilación en un entorno acondicionado junto a otras compañeras retiradas, luego de haber salvado vidas en silencio, con eficacia y constancia.
