La industria automotriz mexicana ha mostrado a lo largo de los años tanto aciertos como tropiezos. Ejemplos como el Mastretta, un deportivo hecho en México, evidenciaron el potencial del país en innovación automotriz, aunque también enfrentaron críticas y burlas, incluso siendo apodado “la tortilla”. A pesar de su enfoque deportivo, aquel proyecto tuvo una vida efímera.
Hoy, un nuevo esfuerzo busca posicionar a México en el mapa de la movilidad sostenible: Olinia, un vehículo eléctrico 100% mexicano.
Hace unos meses, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció la producción de este auto eléctrico fabricado totalmente en México. Su nombre proviene del náhuatl y significa “moverse”. El objetivo principal de Olinia es ofrecer una alternativa económica y eléctrica con un precio cercano al de una motocicleta.
El proyecto llega en un contexto donde más del 70% de la población mexicana vive en zonas urbanas y el 80% de los desplazamientos diarios no supera los 30 kilómetros, lo que evidencia la necesidad de alternativas de transporte sostenibles.
Se estima que Olinia tendrá un precio entre $90,000 y $150,000 pesos mexicanos, lo que ha generado dudas sobre cómo se logrará mantener un costo tan accesible frente a modelos como el BYD Dolphin Mini ($398,800 MXN), el JAC E10X ($357,000 MXN) o el Renault Kwid E-Tech ($357,000 MXN).
El diseño de Olinia se enfoca en la llamada “movilidad del barrio”. Según Roberto Capuano, coordinador del proyecto, se presentarán tres tipos de carrocería pensados para distintos usos:
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Movilidad personal: alternativa a las motocicletas.
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Movilidad del barrio: pensada como sustituto de taxis o mototaxis.
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Entregas de última milla: para uso comercial o de reparto.
Con características más cercanas a un cuatriciclo eléctrico que a un auto convencional, Olinia podría ofrecer:
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Velocidad máxima: 45 km/h
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Autonomía: 72 km
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Peso aproximado: 350 kg
Olinia no busca competir con autos tradicionales. Se trata de un vehículo de uso específico, con materiales básicos y diseño sencillo, lo que permite mantener costos de producción bajos y promete gastos de mantenimiento menores que los de una motocicleta.
Actualmente, el proyecto se encuentra en fase de diseño y evaluación de producción, con la meta de iniciar la fabricación masiva antes de 2030, buscando distribuirlo tanto en México como internacionalmente.
El desafío es enorme: desarrollar un vehículo desde cero que sea seguro y económico no es tarea sencilla. Además, considerando que el sexenio de Claudia Sheinbaum termina en 2030, surge la gran interrogante: ¿alcanzará el tiempo para consolidar este ambicioso proyecto?

