México concentra su infraestructura de supercómputo en el sector público académico, con entre 10 y 12 centros de alto rendimiento distribuidos en universidades y centros de investigación como la UNAM, el Cinvestav, el IPN y otras entidades. Aunque existen posibles sistemas privados, su información no es pública, según declaró Lukas Nellen Filla, investigador del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM. Estas instalaciones destacan por su enfoque en ciencia básica y aplicada.
La UNAM lidera con sistemas históricos como Miztli, que alcanza 228 teraflops de rendimiento teórico, equivalentes a más de 86 mil computadoras personales, junto a Abacus en el Cinvestav. Estos recursos apoyan investigaciones en química cuántica, sismología, astronomía y, cada vez más, inteligencia artificial, aunque persiste la necesidad de ampliar su uso hacia humanidades y sector industrial.
El proyecto Coatlicue, próxima supercomputadora nacional, fortalecerá esta posición al integrarse a una red consolidada. Con ello, México mantiene su ventaja regional en infraestructura pública de supercómputo, pese a avances en otros países latinoamericanos con sistemas privados o específicos.
