En 2025, el Ayuntamiento de Oaxaca de Juárez impuso sanciones a 62 ciudadanos por abandonar desechos en espacios públicos, un problema que persiste en la capital pese a los esfuerzos por regularizar el servicio de recolección. De estos casos, 16 personas fueron detectadas en flagrancia, mientras que los 46 restantes se identificaron gracias a denuncias ciudadanas, según datos oficiales. Las medidas se amparan en el Reglamento de Justicia Cívica, aunque la administración no especificó el tipo de penalizaciones aplicadas, que podrían incluir multas, horas de arresto o trabajo comunitario. Este comportamiento se reporta frecuentemente en redes sociales y grupos de mensajería, donde se documentan bolsas de basura dejadas en parques, jardines, banquetas y áreas emblemáticas como el centro histórico, obligando al municipio a desplegar camiones y personal para su retiro.
A pesar de las advertencias y la estabilización del servicio tras la crisis de basura, la conducta incívica no cede en zonas específicas de la ciudad. Lugares como el puente del DIF cerca del Parque del Amor, la calle Aldama, las intersecciones con Berriozábal, la avenida Periférico, las riberas del río Atoyac, el puente Valerio Trujano y calles de la colonia Reforma próximas al Hospital Civil Aurelio Valdivieso figuran entre los puntos más afectados. En diciembre pasado, el cabildo intensificó su llamado a la acción: el regidor de Centro Histórico, Antonio Álvarez Martínez, urgió a aplicar la ley con rigor en sitios como Aldama, incluso si implica sanciones económicas o detenciones, para disuadir estas prácticas reiteradas.
Por otro lado, la Secretaría de Servicios Vecinales mantiene una operación robusta con 120 rutas y 95 vehículos que cubren 214 colonias en la ciudad y sus 13 agencias. Además, mediante 136 convenios con empresas y negocios, el municipio recauda 2 millones 700 mil pesos anuales, extendiendo el servicio a unas 20 instituciones educativas y alrededor de 30 dependencias gubernamentales a nivel municipal, estatal y federal. Esta infraestructura busca mitigar el impacto ambiental y sanitario, aunque la persistencia del abandono resalta la necesidad de mayor conciencia ciudadana.
