Con música, baile, regalos y sobre todo una desbordante alegría, locatarios de la Central de Abasto —la plaza comercial más grande de la ciudad de Oaxaca— celebraron con su ya tradicional calenda el inicio de las Fiestas de la Guelaguetza, en un acto lleno de identidad y orgullo popular.
Desde temprano, mujeres ataviadas con trajes típicos de chinas oaxaqueñas, así como vestimentas representativas de la Cuenca del Papaloapan y del Istmo de Tehuantepec, inundaron los pasillos del mercado con colorido y elegancia. La calenda, una de las expresiones más vivas de la cultura oaxaqueña, fue también una escuela viva para los más pequeños, quienes, vestidos con ropa regional, portaron marmotas y monos de calenda, aprendiendo desde la infancia a celebrar sus raíces.

El recorrido se convirtió en una auténtica fiesta ambulante: música de banda, danzas espontáneas, gritos de júbilo y regalos al por mayor. Platos, cucharas, vasos y dulces fueron obsequiados con generosidad a los curiosos y transeúntes que se detenían a ver el espectáculo.
El cierre fue memorable. Ya cerca del templo de Santo Domingo de Guzmán, uno de los espacios más emblemáticos del centro histórico, la calenda fue recibida con aplausos y porras por decenas de personas que se sumaron al festejo. Así, la Central de Abasto no solo vendió productos este día: también ofreció una muestra de tradición viva y un homenaje comunitario a la Guelaguetza, la gran fiesta del pueblo oaxaqueño.


