Antes de que las cadenas multiplex llegaran a las plazas comerciales, Oaxaca contaba con varios cines que formaban parte de la vida cotidiana de miles de familias. Eran espacios donde se estrenaban películas mexicanas, westerns, cintas de acción y los grandes éxitos de Hollywood, mucho antes de la llegada de internet y las plataformas de streaming.
Entre los más recordados por los oaxaqueños se encuentran el Cine Oaxaca, el Cine Juárez, el Cine Reforma, el Cine Vergel y otras salas que durante décadas concentraron buena parte de la actividad recreativa de la ciudad.
Durante los años sesenta, setenta y ochenta, acudir al cine era uno de los principales entretenimientos de fin de semana. En una época en la que la televisión apenas ofrecía unos cuantos canales y no existían los servicios bajo demanda, las salas cinematográficas podían recibir a cientos de espectadores en una sola función.
Sin embargo, la industria comenzó a transformarse a finales de los años noventa. La llegada de los complejos modernos con múltiples salas, aire acondicionado, estacionamiento y oferta comercial provocó una disminución gradual de asistentes a los viejos inmuebles del Centro Histórico y otras zonas de la ciudad.
Muchos de aquellos edificios terminaron cerrando sus puertas. Algunos fueron demolidos, otros se convirtieron en comercios, bodegas o estacionamientos, mientras que unos cuantos encontraron nuevos usos culturales.
Uno de los casos más emblemáticos es el del antiguo Cine Juárez, ubicado en el histórico Teatro Juárez, inmueble inaugurado en el siglo XIX y que a lo largo de su historia ha funcionado como teatro, espacio cultural y sala de proyección cinematográfica. Tras varios procesos de rehabilitación, el recinto volvió a albergar actividades relacionadas con el cine y las artes escénicas.
La transformación de estos espacios coincidió con el crecimiento de la oferta cinematográfica moderna. Actualmente, la mayor parte de las funciones comerciales se concentra en complejos ubicados dentro de centros comerciales, una realidad muy distinta a la que vivieron generaciones enteras de oaxaqueños que acudían caminando a los cines del centro de la ciudad.
Paradójicamente, mientras desaparecían las salas tradicionales, Oaxaca se consolidó como uno de los estados con mayor actividad cinematográfica independiente del país. Festivales, muestras internacionales, cineclubes y proyectos comunitarios comenzaron a ocupar el espacio que dejaron los antiguos cines.
Uno de los ejemplos más destacados es Cine Too, en Guelatao de Juárez, considerado el primer cine comunitario de México, un proyecto impulsado por la propia comunidad para acercar el séptimo arte a la población de la Sierra Norte.
Hoy quedan pocas huellas físicas de aquellos cines que marcaron a varias generaciones. Sin embargo, su recuerdo sigue vivo entre quienes hicieron fila para comprar boletos en taquilla, esperaron el estreno de una película o vivieron ahí su primera salida familiar.
Porque mucho antes de las plataformas digitales, los viejos cines de Oaxaca fueron auténticos puntos de encuentro donde se construyeron historias, amistades y recuerdos que aún sobreviven en la memoria colectiva de la ciudad.

