La directora de cine Itandehui Jansen, de raíces mixtecas y holandesas, transformó la crisis global de la pandemia de Covid-19 en 2020 en una visión distópica que dio vida a su película «Itu Ninu» (Cumbres de maíz). Ambientada en una ciudad ficticia del año 2084, la historia aborda un mundo colapsado por el cambio climático y dominado por la vigilancia digital, donde dos migrantes luchan por preservar su identidad cultural. Jansen, en entrevista con EL UNIVERSAL, reflexiona sobre cómo la ciencia ficción invita a imaginar escenarios futuros, especialmente ante la amenaza de extinción de las lenguas indígenas, que pierden hablantes día a día en México y el mundo.
En este contexto, el mixteco —conocido como Tu’un Savi y la cuarta lengua indígena más hablada en México, según el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI, además de ser la segunda con mayor presencia en Oaxaca— se convierte en un elemento central de resistencia. Los protagonistas, Sofía (interpretada por Alejandra Herrera) y Ángel (Armando Bautista García), se comunican mediante cartas manuscritas en esta lengua, creando un código indescifrable para la inteligencia artificial que monitorea cada movimiento. Esta práctica no solo genera un espacio íntimo y subversivo contra el control tecnológico, sino que también resalta la herencia cultural como herramienta para enfrentar el aislamiento y las crisis ambientales.
Jansen enfatiza que proyectar el mixteco hacia el futuro busca fomentar la reflexión sobre su preservación, en un sistema que margina a las comunidades migrantes. La película ilustra cómo una lengua ancestral puede desafiar la opresión digital, convirtiéndose en un acto de rebeldía que trasciende el tiempo y el espacio.
