Oaxaca se consolidó como uno de los destinos predilectos para el turismo nacional e internacional durante este periodo vacacional, gracias a una oferta que integró historia prehispánica, maestría artesanal y una de las gastronomías más reconocidas del país. Las autoridades y prestadores de servicios locales promovieron un itinerario de tres días diseñado para capturar la esencia del estado, iniciando con la obligada visita a la zona arqueológica de Monte Albán. Este antiguo centro ceremonial zapoteco, con más de 2,500 años de antigüedad, permitió a los visitantes conectar con el pasado a través de sus templos y plazas, para posteriormente contrastar esta experiencia con la majestuosidad del arte barroco del siglo XVII presente en el Templo de Santo Domingo de Guzmán, en el corazón del Centro Histórico.
La ruta continuó hacia los valles centrales, donde la identidad oaxaqueña se manifestó a través de sus manos creadoras. En San Martín Tilcajete, los talleres de alebrijes abrieron sus puertas para mostrar el proceso de talla y pintura que da vida a estas figuras fantásticas, mientras que en San Bartolo Coyotepec, el emblemático barro negro reafirmó su estatus como un legado milenario presente desde la época prehispánica. Estas paradas no solo incentivaron la derrama económica local, sino que fungieron como espacios de preservación cultural donde los turistas pudieron adquirir piezas auténticas directamente de los artesanos, fortaleciendo el vínculo entre la comunidad y el visitante a través del reconocimiento de su labor técnica y artística.
Finalmente, el recorrido concluyó con una inmersión en los sabores y monumentos naturales de la región. Desde la sombra del milenario Árbol del Tule hasta el bullicio del mercado de Tlacolula de Matamoros, los viajeros exploraron la diversidad culinaria que incluyó desde la barbacoa tradicional y el pan de cazuela hasta la degustación de destilados artesanales en Santiago Matatlán, conocida como la capital mundial del mezcal. El Pasillo de Humo, en la capital, se mantuvo como un punto neurálgico para el consumo de tasajo y cecina, consolidando así una experiencia que equilibró el esparcimiento con el respeto a las tradiciones locales, reafirmando a Oaxaca como un referente cultural inagotable.

