Los habitantes del barrio Portillo San Antonio reafirmaron su compromiso con la identidad cultural y religiosa de la región al organizar las festividades correspondientes al Quinto Viernes de Cuaresma. Bajo la guía de David Gordón Flores, principal de la iglesia de San Antonio de Padua, la comunidad inició las actividades desde la tarde del jueves con la tradicional deshojada de la mazorca, marcando el comienzo de un ciclo de fe que une a las familias locales a través de ritos transmitidos por generaciones. Este esfuerzo colectivo no solo busca cumplir con los preceptos de la Iglesia Católica, sino también fortalecer los lazos vecinales mediante el trabajo compartido en el atrio parroquial.
La jornada del viernes destacó por una intensa actividad culinaria y social, donde el papel de las mujeres resultó fundamental para la logística del evento. Desde las primeras horas del día, las encargadas se dedicaron a la preparación de pescados lampreados y tamales, platillos que posteriormente se distribuyeron entre los asistentes tras la celebración de la misa. Durante la espera, el ambiente se tornó festivo con el «juego de la muñeca», una dinámica caracterizada por la picardía local que antecede al banquete, donde también se ofrecieron productos típicos como pozol con panela y dulces de la región.
Para finalizar la conmemoración, el programa incluyó una serie de serenatas nocturnas en el atrio del templo, integrando la música como un elemento de cohesión para los fieles de Portillo y barrios vecinos como Jalisco y Vixhana. Esta celebración del Quinto Viernes se consolida como un espacio de hospitalidad, donde la fe se manifiesta no solo en el culto, sino en el acto de compartir los alimentos y preservar los elementos visuales y sonoros que distinguen a esta zona de Oaxaca durante la temporada cuaresmal.
