Las familias oaxaqueñas elaboran el agua de maíz negrito durante velorios y rituales del Día de Muertos para mitigar el duelo por la pérdida de un ser querido. Esta bebida surge de la cocción del maíz negrito en ollas de barro, un proceso que genera un caldo espeso de tono blanco o ligeramente oscuro, el cual se reparte entre los asistentes al funeral. En localidades como Coatecas Altas y Ejutla de Crespo, los vecinos aportan tortillas elaboradas con el mismo maíz, algunas quemadas como símbolo de respeto, y colocan porciones en las ofrendas para sustentar el viaje espiritual de los fallecidos hacia el Mictlán. El maíz negrito, base de la vida en las culturas indígenas, representa la continuidad y el renacimiento en estos ritos.
La preparación inicia con la ebullición del maíz negrito hasta que libera su esencia nutritiva, separando luego los granos cocidos para consumirlos en tortillas que se ofrecen en altares o se distribuyen en la comunidad. El caldo resultante se enfría y se sirve directamente, sin aditivos, para evocar la pureza de la memoria. Documentada en el libro *Bebidas de Oaxaca*, que registra 87 preparaciones tradicionales del estado, esta tradición se mantiene viva mediante relatos de guardianes culturales que enfatizan su rol en la despedida colectiva. Fuentes etnográficas confirman que el agua de maíz negrito integra las ofrendas desde épocas prehispánicas, adaptándose a contextos funerarios contemporáneos en Oaxaca.
Expertos en gastronomía oaxaqueña destacan que esta bebida coexiste con otros elementos del Día de Muertos, como la calabaza en tacha, un dulce de calabaza de Castilla cocida en jarabe de piloncillo, canela y clavo, que también adorna altares en regiones como el Istmo y la Mixteca. Mientras el agua de maíz negrito calma el espíritu en velorios, la calabaza en tacha endulza las reuniones familiares, con una producción anual de más de 30 mil toneladas de su ingrediente principal en México. Ambas preparaciones subrayan la diversidad ritual en Oaxaca, donde el maíz y la calabaza simbolizan la conexión entre vivos y difuntos, según registros de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural.

