Honrar la memoria de su abuela fue el motor que impulsó a Celia Esther Suárez Alto, originaria de Arroyo Grande, en Jalapa de Díaz, a bordar con sus propias manos el huipil que lució con orgullo durante su participación en la emblemática danza Flor de Piña en la Guelaguetza 2025; se trató de un tradicional huipil de San Miguel Soyaltepec, elaborado puntada a puntada como un homenaje a su abuela Juana Ortela Valentín, quien le enseñó desde niña el arte del bordado, y en cuyo honor eligió el color morado, su favorito, como símbolo de amor, recuerdo y respeto.
“Con ella en mi corazón y en mi vestimenta, bailé más fuerte”, compartió la joven en un video publicado en TikTok, donde explicó el valor emocional y cultural detrás de su indumentaria.
La historia se viralizó rápidamente, y cientos de personas en redes sociales reconocieron el gesto como una muestra viva del orgullo de ser oaxaqueña. Felicitaron no solo su entrega, sino también a todas las mujeres que elaboran su propia ropa tradicional, preservando el legado textil de sus comunidades.
Esto es Oaxaca. Esto es ser oaxaqueño. Y esto es la Guelaguetza: un acto de amor, de identidad y de memoria que trasciende el escenario. Con cada baile, con cada hilo, el pueblo celebra sus raíces y honra a quienes vinieron antes.


