Aunque no existen registros documentados de batallones indígenas autónomos que operaran como unidades formales en las campañas nacionales, la participación oaxaqueña se manifestó a través de contingentes locales que se sumaron a columnas insurgentes, defendieron plazas estratégicas y apoyaron logísticamente el movimiento. Esta complejidad refleja cómo los pueblos de la región, impulsados por intereses como la defensa de tierras, tributos y autonomías, se alinearon de manera variable con insurgentes o realistas según las circunstancias locales, contribuyendo a la construcción de un México independiente sin una movilización unificada, pero con un impacto disperso y significativo en el proceso.
Un episodio emblemático de esta implicación fue el Sitio de Huajuapan, ocurrido entre abril y julio de 1812 en la Mixteca, donde fuerzas insurgentes, comandadas por Valerio Trujano y respaldadas por pobladores de comunidades cercanas, resistieron un cerco realista durante 111 días, permitiendo comunicaciones externas y acciones de auxilio que destacaron la colaboración regional.
Figuras clave como el sacerdote Manuel Sabino Crespo, originario de Taniche, se incorporaron al movimiento liderado por José María Morelos, participando en instancias políticas hasta su captura y fusilamiento en 1814. De igual modo, Antonio de León y Loyola, nativo de Huajuapan, jugó un rol militar decisivo al proclamar la independencia de la provincia de Oaxaca en 1821, ilustrando cómo las contribuciones individuales y por grupos locales se integraron a esfuerzos más amplios, fortaleciendo la causa independentista desde el sur del país.
No obstante, la historiografía subraya que la participación indígena en Oaxaca formó un tapiz de apoyos puntuales más que estructuras militares formales, con comunidades mixtecas y otras defendiendo prioridades locales en un contexto de presiones y conveniencias. Mujeres indígenas, por ejemplo, actuaron como guías, curanderas y cocineras en regiones como la Mixteca y Valles Centrales, enriqueciendo el movimiento con sus aportes cotidianos. Esta perspectiva invita a reconocer que, aunque Oaxaca no lideró con ejércitos autónomos, su gente infundió vitalidad al proceso independentista, dialogando entre la memoria nacional y las realidades regionales, un legado que resuena en las celebraciones actuales.
