El mundo artístico del Istmo de Tehuantepec despidió este jueves al músico y compositor Mario López Hernández, figura emblemática de la canción tradicional juchiteca y referente obligado del patrimonio musical oaxaqueño.
La noticia fue confirmada por familiares a través de redes sociales, generando una amplia ola de mensajes de cariño, reconocimiento y gratitud hacia su legado. Artistas, promotores culturales y seguidores de su obra destacaron su invaluable aportación a la música regional, construida a lo largo de más de cinco décadas.
Mario López Hernández perteneció a una generación de trovadores que, durante la década de los setenta, impulsaron la creación de boleros, sones y composiciones que hoy son parte esencial del repertorio cultural istmeño.
Entre sus obras más reconocidas se encuentra “La Juliana”, pieza con la que obtuvo el Premio Nacional de Canción Popular Mexicana en 1985, además de temas entrañables como “Mi Abuelo” y “A esos ojos”, ampliamente interpretados y preservados en la memoria colectiva.
Su talento fue celebrado dentro y fuera de Oaxaca: intérpretes de la talla de Óscar Chávez, Amparo Ochoa y la Orquesta Primavera de Oaxaca llevaron su música a escenarios nacionales, contribuyendo a que su obra trascendiera generaciones y territorios.
López Hernández también musicalizó textos de autores istmeños como Andrés Henestrosa y Gabriel López Chiñas, y colaboró con tríos y ensambles regionales, entre ellos la agrupación Princesa Dinaji, con quienes consolidó una presencia constante en festivales y encuentros culturales.
En abril de 2025 recibió la Medalla “Álvaro Carrillo”, una de las máximas distinciones en Oaxaca, otorgada por su aportación a la preservación de la identidad cultural del estado a través de la música.
Su partida deja un profundo vacío en la vida artística del Istmo; sin embargo, su obra perdura como un legado invaluable y un testimonio del espíritu creativo de la región.

