Damnificados por el huracán Erick llevaron a cabo un bloqueo en el acceso al aeropuerto internacional de Puerto Escondido este lunes 18 de agosto, en un intento por presionar a las autoridades estatales y federales para que entreguen los apoyos prometidos. Los manifestantes, principalmente productores agrícolas de la región costera de Oaxaca, expresaron su frustración ante la falta de respuesta, pese a que fueron censados semanas atrás. Esta acción interrumpió las operaciones aeroportuarias y afectó a turistas y locales, destacando la persistente crisis derivada del fenómeno meteorológico que azotó la zona hace dos meses.
En este contexto, los afectados reportaron pérdidas significativas en cultivos como papaya y limón, además de daños en viviendas y servicios básicos como electricidad y agua. A dos meses del impacto, lamentaron que la ayuda económica e insumos necesarios para reactivar sus actividades productivas no se haya materializado. Acusaron directamente al Gobierno de Oaxaca y a instancias federales de negligencia, argumentando que las promesas iniciales no han pasado de la fase de evaluación. Fuentes oficiales, como el Servicio Meteorológico Nacional, confirmaron que Erick se intensificó rápidamente antes de tocar tierra, causando interrupciones en carreteras, suspensiones de clases en miles de escuelas y cortes de energía en al menos 14 municipios, sin reportar pérdidas humanas.
Por otra parte, los inconformes advirtieron que, de no obtener una respuesta inmediata, extenderán sus acciones este martes 19 de agosto, incluyendo el bloqueo del aeropuerto de Huatulco y la carretera costera, lo que podría paralizar la conectividad en esta importante región turística. El huracán Erick impactó la Costa de Oaxaca el 19 de junio con categoría 3 en la escala Saffir-Simpson, dejando miles de damnificados y severas afectaciones agrícolas en Puerto Escondido y municipios colindantes. Autoridades han destacado que no se registraron muertes ni lesionados graves, pero los daños a la red eléctrica, instalaciones de salud y viviendas persisten, agravando la vulnerabilidad de comunidades dependientes de la agricultura y el turismo.
