En el marco del Día Internacional contra el Uso de Plaguicidas, celebrado este 3 de diciembre, José Octavio Godoy Barrueta, representante del Colectivo por la Autonomía (COA) de Jalisco, expuso en un foro en el centro de la ciudad los graves riesgos asociados al empleo de agroquímicos en la producción agrícola. Durante su intervención, Godoy enfatizó que estos sustancias no solo contaminan los alimentos, sino que también se infiltran en el medio ambiente, afectando cuerpos de agua, aire y fauna silvestre. Esto, según detalló, genera una pérdida significativa de biodiversidad y debilita la agricultura campesina tradicional, empujando a las comunidades hacia una crisis ambiental y de salud pública. En zonas altamente expuestas, se registran incrementos notables en enfermedades renales, neurocognitivas y cáncer, obligando a las poblaciones afectadas a demostrar la toxicidad de estos productos, pese a que su uso debería evitarse por principio en la producción alimentaria.
Además, Godoy criticó el uso indiscriminado de estos venenos, sin controles efectivos, que ha intoxicado territorios enteros y comunidades rurales. En Jalisco, por ejemplo, el auge de la agroindustria enfocada en mercancías no esenciales, como el agave para tequila, ha contaminado suelos, mantos freáticos y el entorno, con un avance estimado de tres hectáreas diarias en plantaciones que ahora enfrentan desvalorización del producto. Similarmente, los invernaderos concentran pesticidas, agravando la polución en espacios reducidos. Esta expansión agresiva, argumentó, prioriza la producción comercial sobre la nutrición, dejando un legado de contaminación que se agrava día a día.
Por ello, el ponente hizo un llamado urgente a las autoridades y legisladores para abandonar este modelo obsoleto y comprometerse con un cambio de enfoque. Subrayó que son los pequeños productores quienes realmente nutren a la población y pueden adoptar prácticas sostenibles, mientras que la gran agroindustria genera productos no nutritivos. Instó a contener esta contaminación y reorientar las políticas hacia la detención de tales prácticas, asumiendo la responsabilidad por haber impulsado este camino. Esta reflexión surge en un contexto donde eventos globales buscan generar conciencia sobre la violencia implícita en el uso de estos tóxicos, promoviendo alternativas que preserven la salud humana y ambiental.

