La ciudad de Oaxaca de Juárez reafirmó su relevancia como epicentro del turismo religioso y cultural durante esta jornada de Semana Santa. A través de un recorrido por siete de sus templos más emblemáticos, visitantes y locales se sumergieron en la herencia virreinal que define al Centro Histórico. Entre los puntos más concurridos destacó la Catedral Metropolitana, cuya estructura de 1740 y su icónica imagen de bronce de la Virgen de la Asunción sirvieron como punto de partida para quienes buscaron admirar el barroco novohispano. De igual forma, el Templo de la Compañía de Jesús, edificado originalmente en 1579, recibió a decenas de personas que apreciaron su estilo plateresco, el cual ha resistido el paso del tiempo y los embates sísmicos desde la época colonial.
En este sentido, la devoción se concentró con especial fuerza en la Basílica de Nuestra Señora de la Soledad, un santuario de cantera verde y fachada amarilla dedicado a la patrona de la ciudad, donde el público pudo acceder tanto al altar principal como al museo que resguarda la memoria histórica de la imagen. A este circuito se sumó el Templo de San Felipe Neri, reconocido no solo por su retablo mayor, sino por su valor histórico al ser el sitio donde Benito Juárez y Margarita Maza contrajeron matrimonio en 1843. La ruta continuó hacia el Templo de Santo Domingo de Guzmán, cuya inauguración en 1608 marcó un hito para la Orden Dominica y que, hasta la fecha, asombró a los asistentes con su impresionante árbol genealógico y sus relieves interiores cubiertos de arte sacro.
Finalmente, el itinerario incluyó paradas en los templos de La Merced y el Carmen Alto. El primero, reconocido como monumento histórico desde 1933, ofreció un espacio de descanso en su tradicional fuente de cantera, mientras que el segundo destacó por su alto relieve de Nuestra Señora del Carmen, obra de los Carmelitas Descalzos que tardó medio siglo en concluirse. Estos siete recintos no solo funcionaron como espacios de culto durante las celebraciones de este martes, sino que se consolidaron como testimonios vivos de la arquitectura barroca y la identidad oaxaqueña, integrando de manera orgánica la fe con la preservación del patrimonio nacional.

