La transición hacia métodos de pago digitales se presentó como un desafío agridulce para los locatarios del Mercado Benito Juárez, en la capital oaxaqueña, quienes se debatieron entre la necesidad de modernizarse para no perder ventas y el temor a las repercusiones administrativas. Si bien la implementación de terminales bancarias y plataformas móviles facilitó el consumo de turistas nacionales y extranjeros, este avance tecnológico trajo consigo una carga económica adicional: las comisiones bancarias. En muchos casos, estos costos debieron ser absorbidos íntegramente por los vendedores, lo que redujo de forma directa sus ya ajustados márgenes de ganancia en productos tradicionales como artesanías y alimentos.
Aunado al impacto financiero, existe una brecha de capacitación que alimentó la incertidumbre entre los comerciantes de menor escala. El desconocimiento técnico sobre el manejo de dispositivos electrónicos y el miedo a cometer errores operativos durante las transacciones digitales figuraron como las principales barreras de adopción. Para diversos vendedores, la falta de asesoría especializada se tradujo en una pérdida de oportunidades frente a clientes que no portaban efectivo, lo que subrayó la urgencia de implementar programas de formación que permitan al comercio tradicional competir en igualdad de condiciones en una economía cada vez más bancarizada.
Por otro lado, la vigilancia fiscal representó un factor determinante en la resistencia al cambio, debido a la zozobra que generaron las posibles sanciones o medidas del Servicio de Administración Tributaria (SAT) sobre los pequeños contribuyentes. A pesar de que algunas plataformas ofrecieron incentivos como terminales gratuitas tras alcanzar ciertas metas de venta, la percepción de que el cobro digital es un «arma de doble filo» prevaleció en el sector. Al final, la comunidad comercial de Oaxaca se encontró en un punto de inflexión donde la comodidad del cliente chocó con la vulnerabilidad financiera del microempresario, dejando en claro que la digitalización requiere de un acompañamiento integral que trascienda la simple entrega de tecnología.

