Mientras el resto del país ondea banderas, en Oaxaca las celebraciones comienzan la noche anterior con la verbena popular en el Zócalo capitalino, donde cientos de hogares se congregan para degustar platillos gratuitos como tamales, pozole, molotes y garnachas, ofrecidos en stands adornados con luces tricolores. Esta tradición, impulsada por el gobierno estatal por tercer año consecutivo, fomenta la convivencia pacífica bajo un operativo de seguridad que garantiza el disfrute colectivo, atrayendo no solo a residentes sino a visitantes que admiran la fusión de raíces indígenas con el patriotismo mexicano.
Los presidentes municipales asumen un papel central en estas fechas, liderando ceremonias que honran el legado independentista en 564 de los 570 ayuntamientos, con excepciones por decisiones comunitarias o procesos electorales en lugares como Zapotitlán Palmas o San Juan Bautista Guelache. Encabezan el Grito de Independencia desde balcones de palacios locales la noche del 15, vitoreando a héroes como Hidalgo y Morelos mientras ondean la bandera, seguido de desfiles cívicos al día siguiente, que involucran a la población en marchas patrióticas.
En el ámbito educativo, las escuelas oaxaqueñas integran las fiestas patrias como una oportunidad para fortalecer la identidad nacional, organizando actividades que recuerdan los hitos del 15 y 16. El Instituto Estatal de Educación Pública (IEEPO) insta a docentes y familias a promover valores como el respeto y la solidaridad mediante actos cívicos en aulas y hogares, donde estudiantes exploran la historia de la Independencia para cultivar amor por la patria desde edades tempranas.
Aunque el 16 es día de asueto oficial según el calendario de la SEP, las instituciones participan activamente en desfiles comunitarios y bailes folklóricos en municipios como Mazunte o Huatulco, donde alumnos representan escenas históricas, fusionando educación con el toque cultural oaxaqueño que enriquece estas fechas.

