Hubo una época en la que las calles de Oaxaca eran recorridas por el inconfundible silbato del afilador, los sombreros de «panza de burro» eran parte esencial de la vestimenta masculina y reparar un radio resultaba más económico que comprar uno nuevo. Hoy, muchos de esos oficios sobreviven apenas en la memoria colectiva y en unos cuantos talleres que se resisten a desaparecer.
Historiadores y especialistas en patrimonio cultural han advertido desde hace años sobre la pérdida acelerada de oficios tradicionales en Oaxaca, una situación que amenaza a los conocimientos transmitidos de generación en generación.
Uno de los casos más emblemáticos es el de los afiladores ambulantes. Durante décadas recorrieron barrios, mercados y comunidades ofreciendo el afilado de cuchillos, machetes y tijeras mediante ruedas de esmeril adaptadas a bicicletas. Actualmente son cada vez menos visibles debido a la comercialización masiva de herramientas desechables, los cambios en los hábitos de consumo y la falta de relevo generacional.
La situación es similar para los reparadores de radios y aparatos electrónicos antiguos. En las décadas de 1970, 1980 y 1990 estos talleres eran indispensables para las familias oaxaqueñas. Sin embargo, la llegada de dispositivos digitales de bajo costo y la cultura de reemplazar en lugar de reparar provocó que gran parte de estos negocios cerraran sus puertas.
Pero quizá ningún oficio refleja mejor esta crisis que el de los sombrereros tradicionales. En la Sierra Juárez, el artesano José Tiburcio Pazos fue identificado como uno de los últimos fabricantes de sombreros de «panza de burro», una técnica heredada por su familia y que hoy practican muy pocas personas en el estado.
En la región de Miahuatlán, la historia se repite. El artesano Fernando Martínez García mantiene uno de los últimos talleres dedicados a la elaboración artesanal de estos sombreros, una tradición con más de 300 años de historia que poco a poco ha dejado de utilizarse debido a los cambios en la vestimenta cotidiana.
A esta lista se suman oficios como la cestería de palma, la talabartería, la relojería artesanal, el tejido tradicional y diversas técnicas textiles que enfrentan amenazas derivadas de la industrialización, la migración y la competencia de productos fabricados en serie. Incluso las artesanas del estado han denunciado que la piratería y la reproducción industrial de diseños tradicionales afectan la continuidad de estos trabajos.
La pérdida de estos oficios va más allá de un cambio económico. Cada taller que cierra pone un fin a las técnicas, uso de herramientas, vocabularios y formas de vida que forman parte de la identidad cultural de Oaxaca.
Y aunque el progreso es inevitable, especialistas advierten que todos estos oficios podrían convertirse en simples recuerdos de una Oaxaca que poco a poco se desvanece.

