Por: Aylin Paredes
El color rojo trasciende en Oaxaca como un emblema de identidad, historia y resistencia, impregnado en textiles, códices y tradiciones. Este tono, profundamente arraigado en la cosmovisión de los pueblos originarios, representa la sangre, la vida, el fuego y la conexión espiritual con el universo. En el escudo estatal, el rojo saturno simboliza las luchas libertarias, reflejando la autonomía y dignidad de sus habitantes.
La grana cochinilla, un insecto diminuto originario de Oaxaca, es la fuente del rojo más emblemático del estado. Conocido como “sangre de nopal” o nocheztli en náhuatl, este tinte natural fue utilizado desde tiempos prehispánicos para teñir textiles, pintar códices y honrar a los dioses. Durante la época colonial, su valor lo convirtió en uno de los productos más codiciados del comercio global, solo superado por el oro y la plata. Desde Oaxaca, tiñó las túnicas de reyes y papas europeos, así como las obras de pintores como Velázquez, consolidando un legado que cruzó océanos.
En la cultura mesoamericana, el rojo no solo era un color, sino un símbolo de calor, guerra y sabiduría. En la expresión náhuatl “in tlilli in tlapalli” —la tinta negra, la tinta roja— se aludía al conocimiento. Hoy, los textiles oaxaqueños, como las faldas de enredo de los Valles Centrales, perpetúan este legado, portando la grana cochinilla en huipiles y rebozos. Instituciones como el Museo Textil de Oaxaca resaltan esta conexión entre los tintes naturales, el medio ambiente y el saber comunitario.
El rojo también marcó la economía colonial: en el siglo XVIII, Oaxaca producía el 99% de la grana cochinilla exportada a Europa, fortaleciendo la resistencia económica de las comunidades indígenas. Actualmente, este color sigue presente en la cerámica de San Bartolo Coyotepec, los altares y el arte contemporáneo, recordando una historia de lucha y belleza que define a Oaxaca como un referente cultural global.

