Oaxaca ha experimentado un alarmante incremento del 69% en los robos a transportistas entre 2020 y octubre de 2025, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). En 2020, se registraba un asalto cada 6.2 días en promedio, mientras que para este año la frecuencia se ha duplicado, alcanzando uno cada 3.1 días. Este panorama refleja la creciente vulnerabilidad del sector del transporte de mercancías, afectado principalmente por el crimen organizado en las carreteras estatales. A pesar de una convocatoria este lunes por parte de la Asociación Nacional de Transportistas (ANTAC), el Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano (FNRCM) y el Movimiento Agrícola Campesino (MAC) para bloquear vías en protesta por la inseguridad, la respuesta entre los transportistas oaxaqueños fue mínima o inexistente, lo que subraya la resignación o el temor prevaleciente en el gremio.
Sin embargo, el análisis histórico revela fluctuaciones notables: 2023 se consolidó como un «año negro» con 214 asaltos denunciados, un 56% más que los 137 de 2022, marcando un pico en la delincuencia. La Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (Concamin) advierte sobre una «cifra negra» superior al 40%, ya que de cada 180 intentos de robo detectados mediante su plataforma de inteligencia artificial, solo 100 se denuncian formalmente ante las autoridades. Esto implica que la incidencia real podría ser mucho mayor, agravando la percepción de impunidad. En el contexto nacional, Oaxaca ocupa el sexto lugar en robos a transportistas, por debajo de entidades como el Estado de México (2,576 casos), Puebla (1,368), San Luis Potosí (335), Michoacán (323) y Nuevo León (123), según reportes periodísticos.
Por otro lado, tras el repunte de 2023, los incidentes disminuyeron un 47% en 2024, pasando a 112 robos, con una media de un asalto cada 3.26 días aproximadamente. No obstante, los 98 casos acumulados hasta octubre de 2025 indican una estabilización en niveles altos, sin una reducción significativa en la violencia asociada a estos delitos. Esta tendencia obliga a replantear estrategias de seguridad pública para proteger un sector clave de la economía oaxaqueña, donde la persistencia de la delincuencia organizada sigue representando un riesgo latente para operadores y mercancías.
