Al ritmo de la banda, entre marmotas, monos de calenda, chilenas y sones, se abrió paso la Calenda de la Guelaguetza Magisterial y Popular por las calles del Centro Histórico de Oaxaca. No fue solo fiesta; fue un desfile de memoria, resistencia y dignidad. Surgida del movimiento magisterial y social de 2006, esta celebración popular se ha consolidado como una expresión cultural con profunda carga política, social y de protesta.

Desde temprana hora, contingentes de maestras, maestros, estudiantes, artistas populares y representantes de comunidades indígenas se congregaron para participar en este recorrido que no solo celebra la diversidad cultural de Oaxaca, sino que también reclama justicia, educación digna y respeto a los pueblos originarios.
Los asistentes no solo portaban trajes típicos, canastas y penachos, también llevaban consigo pancartas, mensajes de protesta y consignas que recordaban a quienes dieron su vida en la lucha social. “¡Ni perdón ni olvido!”, se escuchaba entre las notas alegres de la banda, recordando que la alegría también puede ser una forma de resistencia.

A diferencia de las celebraciones oficiales, esta Guelaguetza no se limita a los escenarios ni a las graderías; es del pueblo y para el pueblo. La calenda recorre calles abiertas, sin vallas, sin protocolos. Cada paso, cada danza, es un testimonio de que las culturas vivas de Oaxaca no se venden ni se someten.
Los colores vibrantes de los trajes tradicionales, el aroma a mezcal y a tamales que acompaña el recorrido, y las voces firmes que corean consignas, convierten a esta calenda en una experiencia única: una mezcla de lucha, arte y fiesta comunitaria.
La Guelaguetza Magisterial y Popular no es una copia, es una alternativa que nace del dolor y la esperanza, del deseo profundo de construir una Oaxaca justa, incluyente y libre.
Así, con flores, sones y pasos firmes, el magisterio oaxaqueño y el pueblo caminaron juntos una vez más, porque en Oaxaca la resistencia también se baila.

