La paridad de género en los ayuntamientos de Oaxaca persistió como una asignatura pendiente durante la jornada matutina de este jueves, a pesar de los esfuerzos legislativos por equilibrar la representación política. Aunque la reforma local de 2020 estableció el 2023 como el plazo límite para alcanzar la igualdad en los cargos públicos, la realidad en los municipios regidos por Sistemas Normativos Internos (SNI) mostró un panorama distinto. Datos del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca (IEEPCO) confirmaron que, de 403 procesos calificados, apenas en 36 demarcaciones se logró la elección de una mujer como presidenta municipal, evidenciando una brecha estructural que aún relega el liderazgo de las mujeres a un segundo plano.
Esta disparidad se acentuó al observar la distribución de cargos de alta jerarquía, donde la presencia masculina continuó siendo predominante. Mientras que 252 hombres fueron electos como suplentes de la presidencia, solo 61 mujeres alcanzaron dicha posición; una tendencia similar se registró en las sindicaturas, con 374 hombres frente a tan solo 66 mujeres. Ante este escenario, se detectó que diversas planillas recurrieron a la simulación de paridad, desplazando a las ciudadanas hacia regidurías o direcciones de menor impacto en la toma de decisiones. Por tal motivo, la fracción parlamentaria de Morena en el Congreso local puso sobre la mesa la necesidad de postergar la implementación total de estas medidas de manera paulatina hasta el año 2028.
En este contexto, la posible aprobación del «Plan B» de la Reforma Electoral impulsada por la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se perfiló como una ruta crítica para establecer la obligatoriedad de la igualdad en los tres niveles de gobierno. No obstante, especialistas y organizaciones civiles advirtieron que, para que estos cambios tengan un efecto real en la entidad hacia los comicios de 2027, será indispensable realizar ajustes profundos a la normativa local que rige los Sistemas Normativos Internos. La transición hacia una democracia paritaria en Oaxaca no solo dependió de decretos federales, sino de una transformación en la cultura política de las comunidades que garantice el acceso efectivo de las mujeres al poder.

