A casi ocho años de los devastadores sismos de septiembre de 2017, Oaxaca enfrenta un rezago persistente en la reconstrucción de su patrimonio histórico y cultural. Los daños iniciales se agravaron con temblores posteriores en 2018 y 2020, y recientemente, el sismo de magnitud 5.9 del 2 de agosto de 2024 en los valles centrales ha sumado nuevos registros de afectaciones. Según datos de la delegación estatal del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), de los 689 inmuebles impactados entre 2017 y 2020, solo 481 han sido completamente restaurados, mientras que 158 permanecen en proceso con al menos una intervención realizada. No obstante, 50 edificios aún esperan el inicio de sus trabajos, lo que subraya la lentitud en la ejecución pese a las proyecciones iniciales.

Esta demora se vincula a la complejidad de las intervenciones, que han demandado más de 811 acciones de restauración en total. Inicialmente, se esperaba concluir las obras durante la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador, y luego se ajustó el plazo para finales de 2024; sin embargo, la fecha final sigue incierta. En términos financieros, el Gobierno Federal ha invertido al menos 2,034 millones de pesos desde 2017 hasta 2024, incluyendo 2,000 millones entre 2017 y 2023, más 34.55 millones adicionales en el último año reportado. Estos recursos provienen de diversas fuentes, como seguros institucionales, el extinto Fondo de Desastres Naturales (FONDEN), ampliaciones presupuestales y el Programa Nacional de Reconstrucción, todos gestionados por el INAH.
El desglose de daños revela la magnitud del desafío: los sismos de 2017 afectaron 587 inmuebles, el de febrero de 2018 añadió 102 casos, y el de junio de 2020 sumó 130 más, con algunos edificios que ya habían sido reparados sufriendo nuevos deterioros. Esta recurrencia ha complicado los esfuerzos, dejando en evidencia la vulnerabilidad del patrimonio oaxaqueño ante eventos sísmicos frecuentes.

