En el norte del Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, alrededor de 50 mil habitantes de cinco municipios conviven diariamente con el peligro latente de seis ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex) que atraviesan sus localidades. Estos conductos, que transportan petróleo crudo, gasolina, amoniaco, gas natural y gas LP, pasan bajo o junto a viviendas en Asunción Ixtaltepec, El Barrio de la Soledad, Santa María Petapa, Matías Romero y San Juan Guichicovi. Ayer, un ducto de 30 pulgadas de diámetro, que lleva crudo desde Nuevo Teapa, Veracruz, hasta Salina Cruz, explotó durante un procedimiento de mantenimiento conocido como «corrida de diablo», causando la muerte de tres trabajadores y lesiones a cuatro más. Teófilo García, representante de la Resistencia Civil de Oaxaca (RECIO), expresó que la población vive en constante temor debido a estos riesgos inherentes.
Sin embargo, este incidente no es aislado. García recordó que las fugas y derrames son frecuentes en la zona, como la liberación de amoniaco durante 15 días a partir del 9 de diciembre de 2023 en Donají, perteneciente a Matías Romero, que obligó a los residentes a evacuar y refugiarse en Palomares. Al regresar, enfrentaron daños significativos: días sin laborar, gallinas muertas, maizales quemados y vacas perdidas. En respuesta a sus demandas de reparación, Pemex los demandó. Además, mensualmente ocurren fugas de gasolina atribuidas al robo de combustible, que queman pastizales, contaminan arroyos y matan peces, aunque la empresa petrolera desvía la responsabilidad hacia los «ordeñadores» ilegales.
Por otra parte, las advertencias previas no han surtido efecto. En enero de 2023, tras una fuga de amoniaco, el secretario de Gobierno de Oaxaca, Jesús Romero, solicitó a Pemex una revisión exhaustiva de los ductos para prevenir accidentes, pero la petición fue ignorada. Esta negligencia subraya la vulnerabilidad continua de las comunidades, que exigen mayor atención a la infraestructura para mitigar amenazas que afectan su salud, economía y entorno.

