Lo que debería ser una celebración por el cierre de una etapa académica vuelve a convertirse en una muestra de descontrol. Las calendas de egresados que recorren las principales calles de la capital oaxaqueña continúan realizándose sin una regulación efectiva, entre consumo indiscriminado de alcohol, aglomeraciones y riesgos para participantes y ciudadanos.
La noche de este viernes, un video difundido por el usuario Jairo WX evidenció cómo cientos de jóvenes y acompañantes abarrotaron el puente a desnivel de Cinco Señores, generando una importante concentración de personas sobre una de las vialidades con mayor flujo vehicular de la ciudad.
Aunque en esta ocasión no se registró una tragedia, las imágenes muestran la dimensión del riesgo al que estuvieron expuestos los asistentes, quienes caminaron entre música, bebidas alcohólicas y el cierre parcial de la circulación.
Sin embargo, el problema no terminó ahí. Al concluir la celebración, nuevamente se reportaron jóvenes tirados en banquetas y espacios públicos tras perder el conocimiento por el consumo excesivo de alcohol, una escena que lamentablemente ya se ha vuelto habitual durante la temporada de graduaciones.
Mientras las autoridades municipales implementan operativos para agilizar el tránsito, poco o nada se observa en materia de prevención, supervisión del consumo de bebidas alcohólicas o control del número de asistentes, permitiendo que estos recorridos se desarrollen prácticamente sin medidas de seguridad.
La falta de reglas claras ha provocado que una tradición cultural de Oaxaca se desvirtúe y, en muchos casos, termine asociada con excesos, caos vial y situaciones que ponen en riesgo la integridad física de los propios estudiantes, de sus familias y de terceros.
A ello se suma la molestia de automovilistas y vecinos, quienes año con año enfrentan cierres improvisados de calles, congestionamientos y afectaciones a la movilidad sin que exista información o coordinación suficiente por parte de las autoridades.
Las imágenes de jóvenes inconscientes sobre la vía pública después de cada calenda deberían ser motivo suficiente para replantear la forma en que se desarrollan estos festejos. Preservar una tradición no significa permitir que el alcohol y la falta de organización la conviertan en un problema de seguridad pública.
Porque mientras las autoridades siguen viendo estas celebraciones como simples recorridos festivos, la realidad demuestra que cada fin de semana aumenta la posibilidad de que ocurra una tragedia que pudo haberse evitado.
