En el marco de las elecciones, es fundamental que los ciudadanos sepan qué acciones atentan contra la democracia. Los delitos electorales, definidos como actos u omisiones que interfieren en el correcto desarrollo del proceso electoral, representan una amenaza para el principio de un voto libre, directo, personal, secreto e intransferible. Entre estos ilícitos se encuentran prácticas como obligar a alguien a votar por un candidato o partido, hacer proselitismo durante la jornada electoral, votar más de una vez, recoger credenciales de elector o condicionar servicios públicos a cambio del sufragio.
Además, otras conductas vulneran la integridad del proceso, como impedir la instalación de casillas, provocar temor o intimidación en el electorado, abrir o retirar paquetes electorales sin justificación, y votar con una credencial que no sea titular. También se considera delito solicitar votos a cambio de una paga, promesa u otra recompensa. Estas acciones no solo distorsionan la voluntad popular, sino que pueden derivar en sanciones legales para quienes las cometan. Por ello, las autoridades electorales y organizaciones civiles han intensificado campañas para informar a la población y fomentar la participación responsable.
Proteger el ejercicio democrático comienza con la vigilancia ciudadana. Identificar estas prácticas y denunciarlas ante las instancias correspondientes es clave para garantizar que cada voto cuente. En un contexto donde la transparencia y la legalidad son pilares de la democracia, el compromiso colectivo es indispensable para que el proceso electoral refleje la verdadera decisión de la ciudadanía.

