Por Félix Villalobos
Un estudio publicado en la revista científica Plos One, liderado por la Universidad de Edimburgo y el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) de México, propone aplicar un impuesto a la carne roja y procesada para reducir su consumo, mejorar la salud pública y promover la sostenibilidad ambiental. La investigación revela que un aumento del 10 por ciento en el precio de la carne procesada disminuiría su consumo en un 8.3 por ciento, mientras que un incremento similar en la carne roja reduciría la demanda en un 7.9 por ciento. Estas medidas fiscales, según los autores, podrían mitigar enfermedades crónicas asociadas al consumo excesivo de carne y disminuir el impacto ambiental de su producción, alineándose con las Guías Alimentarias Nacionales de 2023 que recomiendan limitar estos alimentos.
Kaela Connors, autora principal del estudio, destacó que los hogares de menores ingresos, más sensibles a los aumentos de precio, tienden a sustituir la carne por alimentos nutritivos como legumbres y mariscos, lo que podría mejorar su dieta si se garantiza el acceso a estas alternativas. Para evitar desigualdades, Connors sugiere destinar parte de la recaudación a subsidios o vales para alimentos saludables. México cuenta con antecedentes exitosos, como el impuesto a bebidas azucaradas implementado en 2014, y recientes políticas como la prohibición de comida chatarra en escuelas públicas, lo que facilita el contexto para esta propuesta.
La investigación, basada en datos de más de 240 mil hogares mexicanos recolectados por el INEGI entre 2018 y 2022, y complementada con encuestas nutricionales en Jalisco y Veracruz, subraya la viabilidad de la medida. Sin embargo, los autores advierten que su implementación debe considerar costumbres alimentarias regionales y apoyar a pequeños productores para minimizar impactos económicos. La propuesta busca alinear los objetivos de salud pública y sostenibilidad, aunque enfrenta desafíos en su aplicación equitativa.
