En Boca del Álamo, Baja California Sur, los pescadores han enfrentado desde hace siete años la sobreexplotación de recursos pesqueros debido a la pesca industrial y el uso de artes intensivas como redes, trampas y pistoleo. Esta situación llevó a la comunidad a implementar en 2019 una Zona de Refugio Pesquero, una iniciativa comunitaria que busca regular la pesca para proteger especies comerciales sin prohibirla. Aunque aún espera su nombramiento formal por parte de la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca), previsto para octubre de 2025, el refugio ya muestra resultados positivos, como la recuperación de poblaciones de peces y la reducción de prácticas de alto impacto.
La propuesta, liderada por las cooperativas Pescadores del Tezal y Boca del Álamo, con apoyo de Legacy Works Group, definió un área de 18 kilómetros de largo por seis de ancho, dividida en tres polígonos. En el polígono Huerta Vieja, solo se permite la pesca en la orilla, mientras que en el resto se restringe a piola y anzuelo. La socialización del proyecto, que tomó más de tres años, fue clave para superar la desinformación y lograr el respaldo comunitario. La vigilancia, apoyada por una embarcación donada por las cooperativas y en proceso de equipamiento mediante un convenio con el Fondo para la Protección de los Recursos Marinos (Fonmar), garantiza el cumplimiento de los acuerdos.
Los resultados preliminares son alentadores: especies como sierra, jurel, pargos y cochitos han regresado, y las tallas y volúmenes de captura se han normalizado. Este manejo sustentable ha permitido a los pescadores acceder a mercados selectivos que valoran la pesca con piola y anzuelo, mejorando sus ingresos. Una vez formalizado el refugio, la comunidad planea incorporar un proyecto de mejora pesquera (FIP) para añadir valor a sus capturas y consolidar su apuesta por la sostenibilidad.

