Leonila Vázquez, conocida como “La Patrona de Las Patronas”, falleció el 13 de abril a los 89 años en Amatlán, Veracruz, dejando un legado de tres décadas de apoyo humanitario a migrantes. Fundadora del colectivo Las Patronas, esta mujer de sonrisa afable y manos incansables lideró desde 1995 un movimiento que ha entregado miles de bolsas con alimentos y agua a personas que viajan en el tren conocido como La Bestia. Su labor, surgida de un acto espontáneo cuando sus hijas compartieron pan con migrantes hambrientos, se convirtió en un símbolo de solidaridad en una de las rutas migratorias más peligrosas de México.
La historia de Las Patronas comenzó en Guadalupe, una ranchería de apenas 3 mil habitantes, donde Leonila y su familia vivían a pasos de las vías del ferrocarril. En 1995, un encuentro fortuito marcó el inicio: migrantes centroamericanos, agotados y hambrientos, pidieron ayuda a sus hijas. Desde entonces, Leonila organizó a mujeres de su comunidad para preparar comida con donaciones locales, lanzándola a quienes viajaban en el tren. Su labor trascendió fronteras, siendo reconocida en 2013 con el Premio Nacional de Derechos Humanos, entregado por el entonces presidente Enrique Peña Nieto.
Además de alimentos, Las Patronas han ofrecido albergue, apoyo legal y atención a migrantes heridos, muchos de ellos víctimas de accidentes en el tren. Norma Romero, hija de Leonila y actual lideresa del grupo, ha prometido continuar con esta misión. El 14 de abril, en la casa que Leonila convirtió en un refugio, migrantes y familiares la despidieron rodeada de coronas de flores, mientras su fotografía junto a las vías recordaba su compromiso inquebrantable.
El impacto de “La Patrona Abuela” perdura en cada bolsa de comida entregada y en la comunidad que, inspirada por su ejemplo, sigue apoyando a quienes buscan un futuro mejor. Su partida marca el fin de una era, pero su legado de humanidad permanece vivo en Veracruz.
