El pensamiento de Miguel León-Portilla, una de las figuras más emblemáticas de la historiografía y la filosofía mexicana, recobró vigencia este día mediante la difusión de fragmentos de su obra póstuma, Soy mi memoria. En estos textos, el «tlamatini» (sabio) contemporáneo reflexionó sobre la identidad humana, asegurando que el sentido del «yo» no reside en documentos oficiales ni en el ADN, sino en el proceso introspectivo resguardado en el cerebro. Con un lenguaje que transitó entre lo científico y lo poético, el autor describió la memoria como el único equipaje que evita que el individuo se convierta en un viajero sin rumbo, destacando que su pérdida total equivale al anonimato absoluto.
A lo largo de los fragmentos compartidos, León-Portilla rememoró su trayectoria con la lucidez de quien se supo «Leyenda Viviente», título otorgado por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. El historiador utilizó el plural «memorias» para dar cuenta de una vida que superó los 93 años, la cual estuvo marcada por el intercambio cultural con estudiantes de todo el mundo y su firme defensa de los pueblos originarios. En un ejercicio de honestidad periodística y personal, el autor recordó sus encuentros con figuras del poder político, como el expresidente Enrique Peña Nieto, a quien le manifestó en 2012 la urgente necesidad de atender la falta de personalidad jurídica y la pobreza de las comunidades indígenas, demandas que, según sus escritos, quedaron sin respuesta efectiva.
Finalmente, el proceso de creación de este libro reveló una metodología alejada del rigor académico tradicional. El autor optó por dictar sus recuerdos a una grabadora, priorizando la fluidez del pensamiento sobre la cronología estricta. Esta obra póstuma no solo se presentó como un testamento intelectual, sino como un acto de gratitud hacia los estudiantes zapotecos, mixtecos, nahuas y de otras latitudes que enriquecieron su vida. La publicación de estos fragmentos permitió a la audiencia contemporánea acceder a la intimidad de un hombre que, hasta sus últimos meses, mantuvo el compromiso de alzar la voz por aquellos que la historia suele omitir.
