Pescadores, salineros y ambientalistas de Colima multiplican sus manifestaciones contra la construcción del Nuevo Puerto de Manzanillo en la Laguna de Cuyutlán, un ecosistema clave que enfrenta riesgos de destrucción irreversible. El movimiento Salvemos Cuyutlán reunió a cientos de personas en la segunda protesta local en menos de dos semanas, con demandas para cancelar el proyecto y proteger la biodiversidad regional. Autoridades portuarias y la empresa promotora guardan silencio ante las alegaciones de ecocidio.
Desde la Administración del Sistema Portuario Nacional, los participantes avanzaron con mantas y pancartas hacia el monumento al Pez Vela, donde un pronunciamiento rechazó la expansión sobre 222 hectáreas de vegetación natural. Organizaciones locales proponen, en su lugar, la optimización de la infraestructura existente mediante tecnologías eficientes y mejoras en la capacidad instalada actual. La marcha del sábado pasado se sumó a otras dos recientes en Colima capital y Manzanillo, lo que evidencia un rechazo creciente entre comunidades dependientes de la laguna.
El humedal, cuarto más grande del país y segundo en el Pacífico mexicano, sostiene la pesca artesanal, la extracción de sal y hábitats para tortugas en peligro, delfines y aves migratorias. La alteración hidrodinámica del proyecto amenaza con desmontar manglares esenciales para la salinidad y los ciclos productivos ancestrales, según expertos citados en las manifestaciones. Defensores insisten en que la revaluación inmediata del plan priorice un medio ambiente sano sobre intereses económicos externos.
