Por: Aylin Paredes
México cerró 2024 con un déficit comercial histórico frente a China, alcanzando los 119 mil 858 millones de dólares, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Este desbalance, que duplicó su magnitud en la última década, refleja una caída de 1.5 por ciento en las exportaciones mexicanas, que sumaron 9 mil 937 millones de dólares, y un aumento a 129 mil 795 millones en importaciones chinas, un máximo histórico. La dependencia de bienes intermedios chinos, esenciales para industrias como la automotriz y la electrónica, evidencia la baja integración de cadenas productivas nacionales.
Por su parte, el comercio bilateral en los primeros cinco meses de 2024 mostró un déficit de 47 mil 554 millones de dólares, un alza de 1.2 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Mientras las exportaciones mexicanas disminuyeron, las importaciones chinas crecieron 1 por ciento, consolidando la brecha. Según la Organización Mundial de Comercio (OMC), el 56 por ciento de las exportaciones mexicanas a China proviene de la metalurgia, con minerales de cobre liderando con 3 mil 719 millones de dólares. Sin embargo, México importa cobre refinado, crucial para sectores estratégicos, lo que pone en riesgo su autosuficiencia.
En este contexto, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, destacó la urgencia de fortalecer las capacidades productivas del país. “Sin el cobre refinado de China, la industria automotriz colapsaría en un día”, afirmó en junio pasado. La competitividad china, impulsada por su integración en cadenas de valor globales, infraestructura y productividad laboral, plantea retos para México, especialmente ante las presiones de Estados Unidos para ajustar su balanza comercial. La OMC advierte que las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos podrían intensificar la competencia en terceros mercados, afectando aún más la dinámica comercial mexicana.

