Durante su papado, el papa Francisco, fallecido el 20 de abril de 2025 a los 88 años, expresó en múltiples ocasiones su preocupación por la violencia en México, especialmente la ligada al narcotráfico. Desde el Vaticano, condenó en 2022 el asesinato de dos sacerdotes jesuitas en Chihuahua, exclamando: “¡Cuántos asesinatos en México!”. Sin embargo, durante su única visita al país en 2016, evitó referirse a temas como los desaparecidos o el caso Ayotzinapa, limitándose a reflexiones generales sobre inseguridad y migración, lo que generó críticas por su silencio ante víctimas que buscaban audiencia con él.

Por otro lado, el pontífice señaló la necesidad de enfrentar al crimen organizado, afirmando en 2020 que “todos tenemos que poner el hombro” frente a los narcotraficantes, pese al riesgo que implica. Este mensaje contrastó con las tensiones surgidas durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, cuando el asesinato de los jesuitas en Cerocahui, Chihuahua, desató un debate entre la Iglesia y el Ejecutivo. La Iglesia criticó la estrategia de “abrazos, no balazos”, calificándola de insuficiente, mientras que López Obrador defendió su política, acusando a algunos religiosos de alinearse con la “oligarquía” y desestimando sus señalamientos como campañas de desprestigio.

Además, en 2023, obispos mexicanos entregaron al papa un informe que alertaba sobre el control del crimen organizado en regiones fronterizas y su colusión con autoridades, según el arzobispo de Morelia, Carlos Garfias Merlos. Este documento subrayó la gravedad de la inseguridad, un tema que Francisco abordó desde Roma, pero que, durante su visita a México, quedó opacado por acuerdos diplomáticos que restringieron su agenda, como reveló la revista Proceso. Así, el legado de Francisco en México refleja un llamado a la paz desde la distancia, pero también una cautela que dejó pendientes demandas de justicia.
