Cientos de habitantes de Tetela del Volcán, un pueblo enclavado en las faldas del volcán Popocatépetl, en el noreste de Morelos, conmemoraron la Pascua con una tradición de más de 350 años que fusiona procesiones, disfraces elaborados y un ritual de fuego. Los participantes, conocidos como “sayones”, desfilaron por las calles ataviados con máscaras de piel, capas bordadas con imágenes de Jesús y la Virgen María, y sombreros monumentales hechos de hasta 900 pañuelos de papel, diseñados para emular los cascos de los soldados romanos de la época de la crucifixión.
La celebración, que atrajo a más de 1,000 personas este año, según José Alfredo Jiménez, director de turismo y cultura local, culminó con un acto singular: los sayones corrieron por una ladera del volcán mientras vecinos, policías y niños les arrojaban fósforos encendidos para prender fuego a sus sombreros, un espectáculo que generó aplausos y gritos entre la multitud. Paramédicos acompañaron el recorrido para garantizar la seguridad. Previo a este clímax, los sayones depositaron un ramo de flores en la base de una iglesia de piedra, marcando el fin de las festividades de Semana Santa.
Los disfraces, que pueden pesar entre 15 y 20 kilos, requieren meses de preparación. Emilio Aguilar, de 20 años, explicó que desde julio trabajó en su capa, adornada con lentejuelas y cuentas, para lograr un diseño idéntico al de su grupo de 12 amigos y familiares. Por su parte, Canizal, otro participante, detalló que su sombrero, cubierto de pañuelos de papel, tomó más de un mes en elaborarse a mano. Algunos sayones representaron personajes bíblicos como Poncio Pilatos o Judas, quien fue perseguido simbólicamente por las calles, mientras otros golpeaban machetes contra el suelo, imitando espadas romanas.
Jiménez destacó la singularidad de esta tradición, que no tiene equivalente en México, y subrayó su origen en la evangelización colonial, cuando los colonizadores europeos usaron representaciones teatrales de la crucifixión para convertir a las comunidades indígenas al catolicismo. Con el tiempo, la festividad incorporó elementos locales, como los sombreros de pañuelos, que en las últimas dos décadas se han vuelto más elaborados para destacar en los desfiles. A diferencia de otras celebraciones mexicanas, como el Día de Muertos, que han sido transformadas por el turismo, Tetela del Volcán ha preservado el carácter local de su Pascua, según Jiménez.
La tradición también refleja un sincretismo cultural. Investigaciones del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) señalan que las festividades de Semana Santa en comunidades indígenas de México combinan la narrativa cristiana con cosmovisiones locales, donde la dualidad entre el bien y el mal, la vida y la muerte, se manifiesta en rituales que trascienden lo estrictamente religioso. En Tetela, el fuego que consume los sombreros simboliza tanto la purificación como el cierre de un ciclo litúrgico.
La celebración no solo atrae a los habitantes del pueblo, sino también a visitantes de municipios cercanos, quienes se congregan para presenciar los desfiles y el ritual de la quema. Las autoridades locales han implementado medidas de seguridad, como la presencia de paramédicos y la supervisión policial, para evitar incidentes durante el evento, que combina elementos de riesgo con una profunda carga simbólica.

