La construcción y operación del Tren Maya acelerarán la degradación ambiental y la vulnerabilidad climática de la Península de Yucatán en las próximas décadas, según peritajes científicos presentados por la organización TerraVida. Los estudios, realizados por investigadores de la UNAM, advierten que el megaproyecto fragmenta ecosistemas, reduce servicios ecosistémicos y amenaza la biodiversidad, con efectos proyectados para 2030 y 2050. Estas conclusiones forman parte de un amparo promovido por comunidades indígenas y organizaciones civiles, cuya audiencia está programada para el 4 de junio.
La fragmentación de hábitats, causada por las 34 estaciones del tren, afecta a especies como jaguares y tapires, y disminuye la conectividad ecológica en la selva maya. Además, los peritajes destacan una preocupante reducción de polinizadores, esenciales para el 88 por ciento de los cultivos en México, como aguacate y chile habanero. Según el modelo InVEST, la abundancia de polinizadores podría caer del 38 por ciento actual al 30 por ciento en 2030 y al 26 por ciento en 2050 con el Tren Maya, impactando la seguridad alimentaria. El cambio de uso de suelo y el crecimiento turístico también incrementarán la demanda de recursos, la contaminación y la vulnerabilidad a eventos climáticos extremos, como huracanes.
Por su parte, Viridiana Maldonado, abogada de TerraVida, señaló que los impactos ya son visibles en comunidades cercanas al tren, donde la presencia militar y la llegada de nuevos habitantes alteran dinámicas locales. Proyectos asociados, como el Hotel Tren Maya Calakmul, intensifican la presión sobre áreas protegidas. Los expertos subrayan que la falta de planeación agrava estos efectos, poniendo en riesgo el patrimonio biocultural de la región.

