Ernesto Ledesma relató, desde el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, que fuerzas israelíes emboscaron la flotilla Global Sumud con cañones de agua irritante, lo que provocó picazón en la piel de los tripulantes. Tras la captura, los trasladaron a celdas de máxima seguridad sin comunicación externa por seis días, donde personal penitenciario les confiscó equipos de trabajo. El periodista, originario de Veracruz, sufrió golpes en la espalda baja al ser derribado y sometido con rodillas en el suelo, según su testimonio grabado.
El embajador Mauricio Escanero, quien acompañó el regreso de los detenidos vía Jordania, enfrentó groseros insultos verbales de policías y guardias israelíes, según Ledesma. Diplomáticos de otras naciones recibieron idéntico trato durante visitas al penal, lo que viola protocolos internacionales de respeto consular. La Secretaría de Relaciones Exteriores coordinó la liberación, pero el grupo acusa obstrucción sistemática a la defensa legal en interrogatorios.
Ledesma insistió en que el Ejecutivo y Legislativo mexicanos presionen a Israel por estos abusos contra ciudadanos y representantes diplomáticos. Abogados de habla hispana, como los que defendieron al grupo, gritaron para intervenir ante interrupciones constantes de traductoras y agentes. El incidente involucró a unos 500 activistas globales, pero los mexicanos priorizaron visibilizar el bloqueo humanitario en Gaza sobre su propio calvario.
