China acusó a Estados Unidos de incumplir el acuerdo arancelario alcanzado en mayo en Ginebra, al implementar medidas de “supresión extrema” que incluyen controles a la exportación de chips de inteligencia artificial, suspensión de ventas de software de diseño de semiconductores y la revocación de visados a estudiantes chinos. El portavoz del Ministerio de Exteriores, Lin Jian, calificó estas acciones como “restricciones unilaterales y sin fundamento”, asegurando que China ha cumplido de buena fe con el consenso, basado en el respeto mutuo y la consulta equitativa. Pekín presentó una protesta formal y exigió a Washington corregir estas decisiones para respetar el pacto.
La tregua arancelaria, firmada el 12 de mayo, redujo los gravámenes estadounidenses del 145 % al 30 % y los chinos del 125 % al 10 %, con el objetivo de facilitar un acuerdo comercial más amplio. Sin embargo, las tensiones han escalado, reflejadas en una caída del 20 % en las importaciones estadounidenses de bienes chinos en abril, según datos del Ministerio de Comercio chino. Las nuevas restricciones de Washington, que China tacha de “discriminatorias”, han generado un clima de desconfianza que se suma a las fricciones políticas evidenciadas en el foro de seguridad Shangri-La en Singapur, donde el Pentágono acusó a Pekín de intentar alterar el equilibrio en Asia.
Por otro lado, el secretario del Tesoro de EU, Scott Bessent, admitió que las negociaciones están “estancadas”, sugiriendo que una llamada entre el presidente Donald Trump y su homólogo chino, Xi Jinping, podría reactivar el diálogo. No obstante, Kevin Hassett, asesor económico de la Casa Blanca, aclaró que aún no hay una conversación programada, aunque expresó esperanza en que ambos líderes aborden el tema esta semana. China, por su parte, señaló no tener información sobre una posible llamada, manteniendo una postura cautelosa ante el deterioro del entendimiento comercial.
