Francia enfrenta uno de los incendios forestales más devastadores de las últimas décadas. El siniestro, que afecta principalmente al departamento de Gironda, en el suroeste del país, ha dejado un saldo de 75 bomberos lesionados, 240 viviendas destruidas y más de 220 mil personas evacuadas ante el avance de las llamas.
El fuego, alimentado por las altas temperaturas, la intensa sequía y los fuertes vientos, ha consumido decenas de miles de hectáreas de vegetación y continúa extendiéndose hacia nuevas zonas habitadas, lo que ha obligado a las autoridades a ampliar las órdenes de evacuación para proteger a la población.
Cientos de bomberos, brigadistas, militares y unidades aéreas trabajan de manera ininterrumpida para contener el incendio; sin embargo, las condiciones climáticas han complicado las labores de combate, por lo que las autoridades mantienen la alerta máxima y no descartan nuevos desalojos en las próximas horas.
Además de las viviendas destruidas, el incendio ha provocado el cierre de carreteras, interrupciones en el servicio ferroviario y una densa columna de humo visible a varios kilómetros de distancia. El gobierno francés ha señalado que se trata de uno de los incendios más graves registrados en el país en los últimos 50 años debido a su rápida propagación y al impacto que ha generado sobre la población y la infraestructura.

