Estados Unidos rechazó la solicitud de México ante la ONU para poner fin al embargo impuesto a Cuba desde 1962, con una votación que registró siete países en contra, entre ellos Washington, Israel y Argentina. El embajador mexicano Héctor Vasconcelos subrayó la urgencia de eliminar las sanciones durante el debate en Nueva York, donde la mayoría abrumadora respaldó la resolución por trigésima tercera ocasión consecutiva. Landau argumentó en una red social que Cuba comercia libremente con 190 naciones, incluido México, sin impedimentos logísticos o navales por parte de su gobierno.
La delegación estadounidense insistió en que las restricciones responden a leyes aprobadas por el Congreso para presionar cambios democráticos en la isla, y no constituyen un cerco que bloquee bienes o visitantes de terceros países. Cuba recibe petróleo y suministros de Europa, China y América Latina sin obstáculos, según la explicación oficial de Washington, que lamentó la postura de su vecino sureño como un amigo cercano. La tensión diplomática surgió tras el respaldo unánime de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América al llamado onusiano contra el embargo.
El contexto histórico del diferendo se remonta a la administración de John F. Kennedy, cuando se endurecieron las medidas en 1963, aunque el origen data de 1960 bajo Dwight D. Eisenhower, con el fin de aislar al régimen cubano en el hemisferio occidental. Doce naciones optaron por la abstención en la votación, lo que refleja divisiones persistentes en la comunidad internacional sobre la política exterior de Estados Unidos hacia América Latina. México mantiene su rechazo al embargo como principio de no intervención en los asuntos soberanos de otros estados.
