Nasry Asfura asumió este martes la presidencia de Honduras tras un proceso electoral marcado por el respaldo explícito de la administración estadounidense. El exalcalde de Tegucigalpa proyecta una gestión centrada en la seguridad jurídica y el fortalecimiento de los lazos diplomáticos con Washington para atraer capitales. Su plan de gobierno contempla una reducción drástica del gasto estatal para enfrentar una deuda pública que alcanza el 45 por ciento del Producto Interno Bruto nacional.
La investidura ocurre tras una reñida contienda donde el Consejo Nacional Electoral ratificó su triunfo con el 40.2 por ciento de los sufragios emitidos el pasado noviembre. El mandatario conservador deberá gestionar acuerdos con un Congreso fragmentado donde su partido carece de una mayoría absoluta para aprobar reformas estructurales. Entre sus promesas destacan la reactivación de proyectos de infraestructura básica y la implementación de programas sociales enfocados en la prevención de la violencia ciudadana.
El nuevo ejecutivo estatal busca diferenciarse del modelo político anterior mediante una postura crítica hacia regímenes regionales y una alineación con las políticas migratorias norteamericanas. Asfura apuesta por el desarrollo de la empresa privada y el fomento de empleos locales como estrategia principal para reducir los índices de migración irregular. La comunidad internacional observa con atención este cambio de rumbo que promete estabilidad económica y una vigilancia estrecha sobre la seguridad fronteriza.

