Por Óscar García
En medio del constante aumento en los precios de productos y servicios, los mercados tradicionales y las fondas populares de Oaxaca continúan ofreciendo una alternativa económica para miles de personas que diariamente necesitan desayunar fuera de casa sin afectar de manera significativa su presupuesto.
Mientras la inflación ha impactado el costo de alimentos básicos como huevo, tortilla, jitomate, cebolla y aceite, en distintos puntos de la capital oaxaqueña todavía es posible encontrar desayunos completos por menos de 100 pesos, una situación que contrasta con los precios registrados en restaurantes ubicados en las zonas turísticas de la ciudad.
En mercados como Sánchez Pascuas, La Merced, 20 de Noviembre y la Central de Abasto, además de numerosas cocinas económicas instaladas en colonias populares, los comensales pueden acceder a menús que incluyen café o chocolate, pan, fruta y un platillo fuerte por costos que oscilan entre los 70 y los 95 pesos.
Para trabajadores, estudiantes, comerciantes y empleados públicos, estos establecimientos representan una opción indispensable. Las largas jornadas laborales, los horarios escolares y los traslados diarios han convertido el desayuno fuera de casa en una necesidad cotidiana para miles de personas.
A diferencia de los negocios orientados al turismo, donde un desayuno puede costar entre 180 y 300 pesos por persona, las fondas tradicionales mantienen precios accesibles gracias a modelos de operación más sencillos y a la compra directa de insumos a productores locales.
La diferencia económica resulta evidente para las familias. Mientras cuatro personas pueden gastar cerca de mil pesos en un restaurante ubicado en el Centro Histórico, el mismo número de comensales difícilmente desembolsará más de 400 pesos en una fonda popular o en un local de mercado.
El fenómeno cobra relevancia en un contexto donde Oaxaca se mantiene como uno de los principales destinos turísticos del país. El crecimiento de visitantes nacionales y extranjeros ha impulsado la apertura de nuevos restaurantes, cafeterías especializadas y establecimientos gourmet que han elevado la oferta gastronómica de la ciudad.
Sin embargo, este desarrollo también ha tenido efectos en los costos de consumo en algunas de las zonas más visitadas, donde los precios de alimentos y servicios suelen ser más elevados que en los espacios tradicionales frecuentados por la población local.
Ante este escenario, los pequeños negocios familiares han desempeñado un papel fundamental para contener el impacto económico en el bolsillo de los ciudadanos. Muchos de estos establecimientos conservan relaciones comerciales directas con campesinos y productores regionales, lo que les permite reducir costos y ofrecer precios más competitivos.
Además del ahorro económico, estos lugares preservan una parte importante de la tradición culinaria oaxaqueña. Platillos como enfrijoladas, huevos al gusto, memelas, chilaquiles y quesadillas continúan formando parte de la dieta diaria de miles de personas que encuentran en los mercados una opción accesible y de calidad.
Para quienes desayunan fuera de casa todos los días, la diferencia en el gasto mensual puede ser considerable. Un trabajador que consume alimentos diariamente en restaurantes turísticos podría destinar entre cuatro mil y seis mil pesos al mes únicamente para desayunar. En contraste, quienes optan por fondas y cocinas económicas pueden mantener ese gasto entre dos mil y tres mil pesos mensuales.
La cantidad ahorrada representa recursos que pueden destinarse al pago de servicios, transporte, educación o renta, en una época donde el costo de vida sigue aumentando de manera constante.
Por ello, los desayunos de mercado se han convertido en una de las pocas alternativas que continúan ofreciendo una combinación equilibrada de calidad, tradición y precio accesible. En una ciudad que presume su gastronomía ante el mundo, estos espacios mantienen viva la esencia de la cocina popular y demuestran que todavía es posible comer bien sin gastar de más.
Para muchos habitantes de Oaxaca, el verdadero lujo no está en los restaurantes de moda, sino en encontrar una mesa donde un desayuno completo siga costando menos de 100 pesos y permita afrontar el resto de la semana sin comprometer la economía familiar.

