La inseguridad en el transporte público de la ciudad de Oaxaca y su zona metropolitana ha escalado a un nivel crítico, donde la organización delictiva y la violencia física superan la capacidad de respuesta institucional. Durante la jornada de este miércoles, diversos reportes ciudadanos confirmaron la operación sistemática de grupos delincuenciales, integrados por hombres y mujeres, que abordan las unidades de transporte con el objetivo de sustraer carteras y dispositivos móviles. Estos individuos emplean tácticas de distracción y acorralamiento, principalmente en zonas de alto flujo como la calle de Las Casas y las inmediaciones de establecimientos comerciales en Santa Rosa, aprovechando el hacinamiento en las unidades para «hacer bolita» a las víctimas durante el ascenso o descenso de los pasajeros.
A pesar de la recurrencia de estos incidentes, la ausencia de operativos de vigilancia efectivos ha obligado a la población a utilizar las plataformas digitales como un mecanismo de autodefensa y alerta temprana. A través de redes sociales, se difundieron imágenes y relatos que identifican a presuntos responsables cargando múltiples dispositivos robados; no obstante, la denuncia pública también puso de manifiesto el riesgo físico que corren los usuarios. Testimonios recientes dieron cuenta de agresiones directas hacia personas que intentaron alertar sobre los robos, evidenciando que estas bandas no solo buscan el patrimonio ajeno, sino que están dispuestas a ejercer violencia física para garantizar su impunidad y facilitar su huida entre las calles del centro histórico.
Finalmente, el sentimiento de vulnerabilidad entre los oaxaqueños ha derivado en un reclamo generalizado hacia las autoridades de seguridad pública por la falta de controles preventivos en los puntos críticos de las rutas urbanas. Ante la normalización de estos delitos, que ya no se limitan a un solo sector de la ciudad, los ciudadanos han comenzado a proponer redes de apoyo colectivo para intervenir de manera solidaria ante los asaltos. Sin embargo, la persistencia de estos grupos delictivos, que operan a plena luz del día y con rutas plenamente identificadas por las víctimas, subraya una desconexión entre la denuncia civil y la acción policial, dejando el bienestar del pasajero a merced de la precaución individual.
