Durante la Semana Santa, especialmente el Viernes Santo, la tradición católica de abstenerse de consumir carne roja continúa vigente entre la población, lo que genera un cambio significativo en los hábitos alimenticios. En Oaxaca, esta práctica se refleja en el aumento del consumo de pescados, mariscos y otros platillos alternativos.
Este ajuste en la dieta también tiene implicaciones económicas, ya que la demanda de productos del mar suele incrementarse, lo que puede impactar en sus precios y disponibilidad. Asimismo, algunas familias optan por sustituir la carne con opciones más accesibles, adaptando sus menús a las posibilidades económicas.
Más allá de lo alimentario, esta costumbre forma parte de una tradición que busca fomentar la reflexión y el sacrificio, elementos esenciales dentro del significado de esta temporada religiosa.

