El gobierno federal analiza la implementación de fractura hidráulica para aumentar la producción nacional de gas natural y reducir la dependencia de importaciones. La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que un grupo de expertos evalúa opciones de gas no convencional con reciclaje de agua y químicos alternativos que minimicen impactos ambientales. Pemex identifica yacimientos en Coahuila, Tamaulipas y Veracruz, pese a que la técnica permaneció vetada en administraciones anteriores sin prohibición legal explícita.
México importa el 75 por ciento de su consumo de gas desde Texas, donde se extrae mediante fracking, lo que genera desafíos para la soberanía energética. Sheinbaum enfatiza la necesidad de fortalecer la producción interna sin replicar daños ambientales observados en el extranjero y promueve paralelamente energías renovables con participación comunitaria. El Plan Estratégico de Pemex 2025-2035 contempla la explotación de yacimientos de geología compleja, aunque evita el término fracking directo.
La Alianza Mexicana contra el Fracking, junto con CartoCrítica, Conexiones Climáticas y Greenpeace, rechaza la medida por envenenamiento potencial de agua y aire, daños a la salud y destrucción de economías locales. Estas organizaciones advierten que las metas de extracción fósil implican impactos irreversibles al ambiente, clima y futuras generaciones. Un pronunciamiento conjunto insiste en que la soberanía energética no debe implicar sacrificios territoriales ni traicionar compromisos ambientales previos.

