Diablos aceitados de esta comunidad zapoteca escenificaron una boda satírica que marcó el cierre del carnaval anual, una tradición que fusiona elementos católicos y prehispánicos para purificar el espíritu antes de la Semana Santa. La festividad, que se extiende por cuatro domingos previos, culminó este domingo con procesiones llenas de música de banda, baile y simbolismo ancestral, atrayendo a locales y visitantes en un ambiente de alegría comunitaria.
Desde las primeras horas del día, las actividades iniciaron con un reconocimiento a los alcaldes encabezados, seguido de la entrega de la banda musical y un almuerzo en sus hogares. Hacia las 10:00 horas, los participantes, ataviados con máscaras y cencerros que representan la expulsión de pecados y malos espíritus, se dirigieron a las casas de la novia y los padrinos para recorrer las calles principales. Posteriormente, oficiaron una boda civil en las oficinas municipales, y a las 14:00 horas, regresaron a la residencia del alcalde para una ceremonia religiosa paródica, conocida como «chusca», que resalta el sincretismo cultural de la región.
Finalmente, la jornada concluyó con un baile popular en la galera municipal, reforzando el sentido de comunidad y preparación espiritual. Según el artesano local Gabriel Sosa Ortega, estos rituales prehispánicos buscan limpiar la población para recibir el Miércoles de Ceniza sin impurezas, donde el ruido de los cencerros simboliza la liberación de vicios. Esta celebración no solo preserva tradiciones indígenas, sino que también fortalece la identidad cultural en Oaxaca, atrayendo interés por su mezcla única de fe y herencia histórica.
