Un tren de la compañía Iryo que cubría la ruta Málaga-Madrid descarriló sus tres últimos vagones a las 19:39 horas del domingo en la localidad de Adamuz, provincia de Córdoba, e invadió la vía contigua. El convoy impactó contra un tren Alvia de Renfe que circulaba en sentido contrario hacia Huelva, lo que provocó el descarrilamiento adicional de sus dos primeros vagones, los cuales cayeron por un terraplén de cuatro metros. El accidente causó al menos 39 muertos y 152 heridos, de los cuales 73 permanecen hospitalizados y 24 en estado grave.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, describió el suceso como «muy raro y difícil de explicar», pues ocurrió en un tramo recto cuya vía se renovó en mayo de 2025 con una inversión de 700 millones de euros. El tren Iryo, modelo Freccia 1000 y con menos de cuatro años de antigüedad, había pasado su última revisión técnica el 15 de enero. Autoridades y expertos ferroviarios se muestran extrañados ante las circunstancias del descarrilamiento, y la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios abrió ya el expediente correspondiente.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se trasladó al lugar para seguir las labores de rescate y expresó condolencias a las familias de las víctimas. Más de 220 guardias civiles participan en el dispositivo de emergencia junto a la Unidad Militar de Emergencias, mientras que la circulación de alta velocidad entre Madrid y Andalucía queda suspendida. La cifra de fallecidos no es definitiva y podría aumentar conforme avancen las labores de excarcelación.

