Óscar Chávez Pombo, presidente de la Asociación de Chocolateros del Estado de Oaxaca y tercera generación de Chocolate La Soledad, resalta el papel central del chocolate de mesa en la vida cotidiana y las ceremonias oaxaqueñas, desde nacimientos y bodas hasta duelos. Este producto, preparado mayoritariamente en agua, se consume en mayor cantidad y con superior calidad en Oaxaca que en otros estados productores de cacao como Tabasco o Chiapas, lo que le ha conferido un renombre nacional e internacional. Sin embargo, a pesar de su arraigo cultural por más de un siglo, no recibe la misma difusión que otros emblemas como el mezcal. Chávez enfatiza que este alimento no solo es un referente gastronómico, sino un vínculo con tradiciones que merecen mayor valoración.
La historia de Chocolate La Soledad ilustra esta evolución: en 1930, Enrique Pombo y Alicia Calvo iniciaron un negocio de molienda en el centro de Oaxaca, adaptando molinos para procesar cacao con canela, almendra y azúcar a petición de las amas de casa, lo que revolucionó el modelo de producción actual. Esta innovación impulsó el consumo local, donde el cacao era cultivado en traspatios para autoconsumo familiar. Chávez, quien heredó el negocio, descubrió su vocación a los 10 años vendiendo porciones en la escuela para costear sus recreos. Una experiencia en un festival internacional en Francia le reveló la importancia de presentar no solo el producto, sino la tradición oaxaqueña, incluyendo utensilios como jarros de barro y molinillos. Hoy, experimenta con recetas innovadoras que incorporan café, vainilla, jengibre o chile para diversificar su oferta.
En los últimos años, iniciativas como la «Escuelita del Cacao» en la Mixteca, liderada por Germán Santaella, fomentan el cultivo entre niños y agricultores, promoviendo el cacao como alternativa a la migración. Chávez celebra este resurgimiento, impulsado por descubrimientos de variedades antiguas en Oaxaca. La crisis global del cacao, agravada por el cambio climático y conflictos en África, elevó precios —de 60 a 400 pesos por kilo en 2023—, afectando a transformadores pero beneficiando a productores mexicanos con pagos más justos. Aunque Oaxaca depende aún de importaciones de Tabasco y Chiapas, regiones como la Costa y Mixteca ganan terreno, con la asociación integrando 15 marcas entre más de 500 en el estado. Políticas erradas, como el reemplazo de cacaotales por palmas aceiteras, subrayan la necesidad de sostener esta herencia.
